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Cerca de 3000 personas se acercaron a disfrutar del choque de semifinales. Los aficionados tanto del VRAC como del Hermi El Salvador dieron color a unas gradas que se quedaron pequeñas para disfrutar de un gran partido.

Un derbi no solo se juega en el campo, un derbi también se juega en las gradas. Allí se pelea tanto o más que en el césped, se vive de otra manera, con el corazón. Valladolid ha vuelto a demostrar hoy tener dos aficiones para quitarse el sombrero, dos aficiones que se han dejado el alma y hasta la voz hasta después de que el árbitro decretara el final del partido, dos aficiones que han vivido el derbi desde muchas horas antes de que empezara la semifinal por el título.

Son partidos que para los aficionados arrancan con el sol y terminan, tras pasar por el tercer tiempo, días después con la resaca del resultado, sea cual sea. Son partidos en los que los aficionados se saben un jugador más. Las gradas de Pepe Rojo -tuvieron que añadir una supletoria para acoger a los cerca de 3000 espectadores que se acercaron al campo- se llenaron incluso mucho antes de la hora programada para el arranque de un nuevo derbi. Aficionados del VRAC y del Hermi El Salvador ponían el colorido.

Azules y blanquinegras eran las zamarras que más se veían en todas las gradas, las pobladas gradas donde no cabía un alma. Daba lo mismo qué afición había movido a más gente -hubo más queseros por eso de jugar como locales-, lo importante era el aliento que pudieran transmitir a los jugadores, lo importante era el espíritu del rugby. Cada ensayo era celebrado con un cántico, cada decisión polémica con una protesta airada y cada acción del choque era dibujada y jugada desde la grada como si cada aficionado fuera el jugador que llevaba el oval.

La tensión se podía vivir en cada touch, en cada melé, en cada avant, siempre con el silencio respetuoso cada vez que se pateaba a palos. Una tensíon que se liberaba a través del cántico. Media grada entonaba a la par el famoso ‘a la melé’ o el ‘mucho Chami’ mientras el resto coreaba al unísono un ‘Quesos, quesos’atronador. COn el paso de los minutos, la polémica -como en cada derbi- tuvo su momento de protagonismo, y el público quiso ser árbitro por un día para decantar el choque a favor de su quince.

La emoción del partido, del pase a la final, estaba presente en todos los rostros -salvo en los de algunos políticos que no se quisieron perder la semifinal como el alcalde, León de la Riva, el candidato del PSOE, Óscar Puente o el presidente de la Diputación de Valladolid, Jesús Julio Carnero-. Una emoción que iba y venía de bando dependiendo de quién llevara el oval y el resultado que rezaba el electrónico.

El choque se decantaba a favor del VRAC, pero la afición chamiza, al igual que su quince, no tiraba la toalla. Al final, la victoria tanto en el campo como en la grada fue azul pero se demostró una vez más que el rubgy en Valladolid es de altos quilates, tanto por sus equipos como por sus aficiones.