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Quizá cuando dentro de unos años les cuente a mis hijos o a mis nietos lo que vivimos en Valladolid, los jugadores del VRAC, del Quesos y la afición, los 26.000 asistentes e incluso la gente que no pudo acudir a Zorrilla, les diga simplemente que fue un momento único, mágico, por todo lo que se vivió y como se vivió.

Cada momento, el antes, el durante y el después, fue diferente. Primero, la expectación la espera de saber como sería jugar en un recinto así, ante tanto público. Luego, el hacerlo efectivamente.Es un momento único que te pone el corazón a mil por hora. Es una verdadera suerte haber podido vivirlo. Después, el jugar ese partido con ese ambiente, y conseguir ganarlo y recibir la Copa de Manos del rey fue sumamente emocionantes. Tres momentos distintos, pero igual de inolvidables.

Sin embargo, creo que digo demasiado que ha sido un momento único. El rugby ha demostrado que tiene capacidad para repetir esto en más ocasiones. Me gustaría que se repitiera y no solamente en Valladolid. Creo que el que nosotros hayamos podido hacerlo puede ayudar a que el rugby crezca en el cariño de la gente y que se trate de otra forma no sólo en nuestra ciudad, sino también en el resto de España.

Aunque en Valladolid estemos más adelantados en ello, el rugby en España tiene un público amplio y fiel y sólo necesita un pequeño empujón para que todo esto que está latente se manifeste.Estamos también orgullosos de haber puesto, con este partido, nuestro granito de arena para que se sepa que es posible conseguirlo. Todo el mundo ha podido ver tanto la respuesta de público como la formidable exposición de deportividad mostrada Y por supuesto, estamos muy contentos de haber ganado.